El combustible que todos quieren, pero que nadie produce (aún)

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¿Puede ser la aviación sostenible? La industria quiere serlo, pero la producción del combustible sostenible SAF sigue decepcionando.

Si le preguntamos a un pasajero promedio hoy en Río de Janeiro, la respuesta es clara: «Quiero volar, pero quiero que sea sostenible». De hecho, el 89% de los viajeros cree que la industria debe reducir sus emisiones cueste lo que cueste. Sin embargo, detrás de esa voluntad, existe un drama industrial que se discutió en los pasillos de la 82ª AGM de IATA: tenemos más deseos que galones de Combustible de Aviación Sostenible (SAF).

El desbalance: 0.8% de realidad contra una meta de 100

Las cifras de IATA para 2026 son una bofetada a la retórica política. La producción global de SAF llegará a apenas 2,4 millones de toneladas, lo que cubre un ínfimo 0,8% del consumo total de las aerolíneas. Todo esto, a un costo de 4.300 millones de dólares para la industria.

Willie Walsh, director general de IATA, no se guardó nada: «Cinco años después de comprometernos con el cero neto para 2050, el SAF es solo el 0,8%. Cada año de políticas gubernamentales ineficaces y la falta de interés de las petroleras hace que el camino sea más difícil».

E-SAF: El salto al vacío sin red

Si el panorama del SAF convencional es complicado, el del e-SAF (combustible sintético) roza la ciencia ficción mal planificada. La Unión Europea y el Reino Unido ya han puesto mandatos ambiciosos para 2030, exigiendo 0,6 millones de toneladas.

¿El problema? La capacidad de producción real —operativa o en construcción— es de solo 0,02 millones de toneladas. Necesitaríamos construir 20 refinerías a escala comercial ahora mismo para cumplir ese mandato.

Marie Owens Thomsen, economista jefe de IATA, calificó estas metas como «absolutamente desconectadas de la realidad». Su argumento es contundente: imponer mandatos antes de que la producción sea viable es una estrategia «temeraria» que solo servirá para disparar los precios sin reducir una sola tonelada de CO2 real.

Lo más fascinante de los datos presentados es el perfil del pasajero actual. Ya no se trata solo de quejarse por el cambio climático; el consumidor está tomando el control:

  • 48% de los viajeros ya revisa las emisiones de carbono antes de reservar.
  • 66% está dispuesto a pagar más para compensar sus emisiones.
  • El 25% prefiere que ese dinero vaya directo a SAF, en lugar de a impuestos que muchas veces se pierden en las arcas fiscales.

La hoja de ruta

IATA ha puesto sobre la mesa cuatro prioridades para salir del estancamiento:

  • Más energía renovable, sin ella, no hay SAF.
  • Que el combustible pueda llegar a los aeropuertos sin monopolios.
  • Incentivos antes que mandatos y castigos.
  • Implementar un sistema de «contabilidad de carbono» (book-and-claim) para que el SAF no se quede solo en el país donde se produce, sino que fluya donde la red lo necesite.

La conclusión es evidente, el pasajero ya está listo y quiere ser parte de la solución. La gran pregunta que queda en el aire en es cuándo se decidirán los gobiernos y las grandes petroleras a transformar las promesas en litros de combustible real.

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